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Jan 16, 2017

Perdón y gracias: San Rubén Darío


 “… a pesar de la arcilla de tus huesos,

pues sabías de lágrimas y besos”,

dijo una niña: “¡San Rubén Darío!”

Rafael Heliodoro Valle


Ante el hombre solo, enfermo y triste que sufría esperando la muerte (febrero 1916), con la aureola de la fama, a pesar que ante ella sólo caben el silencio, el perdón y la espera, es posible que las culpas, los errores, los desmanes, los rencores, las envidias, los placeres, los prejuicios y el camino recorrido, llevaran al entorno diversos y contradictorios sentimientos y comentarios, pero, ante el niño que nacía, en la improvisación, viajando, en la confusión de sus circunstancias (enero 1867), sólo era admisible, frente al despertar de su anónima existencia con la invalidez natural que depende del resto, sentimientos de afecto, protección y compasión. Se abrió al milagro mágico de la vida, casi como una página en blanco, sin hablar el idioma que aprendió con maestría, sin rencores, sin miedos ni desesperanzas, limpio su corazón y limpia su mente, con la estructura genética heredada y el potencial que podría o no desarrollar. Así inauguró la existencia histórica en su realidad biológica, social y humana Félix Rubén García Sarmiento, y fue grande Rubén Darío, y tuvo circunstancias indeseables que lo lesionaron, por las que se lamentó, desesperó y enojó, y que, a pesar que marcaron su temperamento melancólico, angustiaron y contaminaron su espíritu, no cesó de encaminarse persistente al propósito que identificó desde temprano, no perdió la sensibilidad ni la simplicidad curiosa e ingenua del niño.

Asumió, a pesar de la actitud personal evasiva, las consecuencias de sus actos, marcaron su cuerpo y su espíritu los errores, pero también padeció, decisiones, acciones y omisiones externas que lo limitaron o dañaron, que le produjeron dolor y decepción, que empujaron o desviaron su rumbo, y que, a pesar de las adversidades, superó y asumió costos. Es imposible juzgar los actos ajenos, ignoramos la compleja realidad individual, a lo sumo vemos desde nuestra subjetividad lo evidente, algunas acciones, pero las motivaciones y conflictos permanecen en un oscuro cajón de infinitos compartimentos.

El escritor hondureño Rafael Heliodoro Valle (1891 –1959), al fallecer Darío publicó en Guatemala el poema San Rubén Darío, incorporándolo al santoral universal. ¿Pudo el sufrimiento ser la penitencia de los errores del hombre? ¿Pudo el tiempo misericordioso, por las grandes satisfacciones que nos dejó su herencia literaria y los aprendizajes de sus actos, enmendarlo?

Como habitante de la patria común, Nicaragua, y de la Patria Grande, Centro América, de la lengua patria, el español, de la Tierra, la casa que compartimos en distinta época, le expreso gratitud por lo aprendido y disfrutado, de lo que como literato y ser humano legó… Y, como ciudadano, sin más investidura que mi existencia y nacionalidad, también quiero pedirle perdón, aunque no sea mi culpa directa, es una culpa histórica, reconocemos que el perdón es condición de la existencia humana, pedirlo en cualquier tiempo, para perdonarnos y rectificar. Me suscribo aquí a las culpas institucionales, por el mal causa al hombre, hoy gloria literaria  universal. Enumero seis responsabilidades que exacerbaron su “dramática vida” y que, ante su personalidad híper sensible, era en extremo vulnerable. Sobre ellas deberíamos disculparnos como nación:

  • Enero 1882: aspiraba estudiar en Europa, el gobierno y los diputados, le negaron el apoyo por prejuicio conservador y clerical, ¿qué pasaría con el joven si hubiera tenido esa oportunidad?, ¿su historia hubiera sido otra?
  • León, 1884: proceso contra Darío, acusado, condenado y después revocada la sentencia; hubo desquite político por la crítica liberal del poeta; ¿cómo le afectó moral y sicológicamente?
  • El Estado no le ofreció oportunidad real para sobresalir ni proyectar su capacidad creativa, sólo obtuvo algunos apoyos y nombramientos temporales y secundarios (1885 – 1907),
  • Designado a la celebración del centenario de la Independencia de México (1910), pero, ante el derrocamiento de Madriz (sucesor de Zelaya), por la contrarrevolución conservadora, cuando viajaba, fue desnombrado, no fue recibido oficialmente, sufrió un incómodo desaire.
  • Después del ansiado puesto de Ministro en España (1908 – 1910), por la crisis política, no recibió en los últimos meses honorarios ni pago para los gastos de la legación, se endeudó y agudizó su insolvencia económica. En 1914 reclamó, al quedar desempleado por la Guerra, 40 mil pesetas (US$7,490; actual: US$178 mil), que no fueron pagadas.
  • Después de morir el 6 de febrero, hasta el 13, se convirtió en espectáculo; hubo simpatías populares y reconocimientos sinceros, pero también fue objeto, de manipulación de sus restos y de manipulación política, institucional, académica y religiosa. ¿Quién pidió permiso al muerto  para llevarlo de un lugar a otro y ser disfrazado sin consideración?

Rubén nunca contó en vida con el patrocinio comprometido del Estado de Nicaragua, sin embargo, a pesar de esos descuidos y desaires, su genialidad no se perdió, ¿pudo ser mayor o tener una vida más serena?, ¿o fue la adversidad la que contribuyó a propiciarlo? Gracias San Rubén Darío por habernos legado un nombre, una obra, una actitud. Perdón, hermano compatriota, por las omisiones y desaires institucionales que sufriste y han quedado diluidas en siglo y medio de historia. Perdón por ignorarte.