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Feb 02, 2017

Policía: profesión de servicio y riesgo

 

La profesión de mayor riesgo en el mundo (es crítico en naciones en vías de desarrollo, con alto conflicto social y violencia delictiva), en cualquier tiempo, es el servicio policial. En períodos de conflicto bélico, es el oficio militar. El riesgo extremo es perder la vida, pero conlleva variados desgastes físicos y emocionales, por las características con las que presta el servicio, lidiando con problemas de convivencia, interactuando con personas y circunstancias diversas, con inconformidad de las partes, en escenarios cambiantes que no siempre son óptimas, vulnerable ante la vista pública, con limitado y nunca suficiente entrenamiento que proporcione conocimientos y destrezas, que lo actualice ante los cambiantes escenarios sociales, con pocos medios de protección, baja remuneración y escaso u obsoletos equipo de trabajo que no facilita un servicio eficaz y seguro, ni alimentación oportuna y balanceada, ni descanso apropiado, que le permita un estado mental apto frente al estrés personal y laboral para ejercer su función, indispensable para la convivencia comunitaria y el desarrollo social. En Nicaragua, a pesar de la baja conflictividad social y violencia delictiva, lo que permite favorable seguridad ciudadana, los riesgos a hombres y mujeres policías, es mayor en relación a otras ocupaciones.

Un policía del área operativa, en la calle (patrulla, vigila, investiga, captura, registra personas y locales, regula tránsito), enfrenta tres circunstancias de actuación: i) ordinarias, ii) extraordinarias previsibles, y iii) extraordinarias imprevisibles. Las primeras, son comunes, el entrenamiento los prepara y, la repetición permite destreza, me refiero a situaciones sencillas, de baja conflictividad, en donde se interactúa con el ciudadano común, el riesgo es mínimo (aunque hay errores), no hay amenaza a la vida ni a la integridad física.  El segundo tipo se vincula a lo que puede ser calculado y sobre lo que se debe planificar para reducir riesgos; ejemplo: capturar a un grupo delictivo, ocupar armas, drogas u objetos ilícitos, a partir de información veraz para preparar la manera efectiva de lograr el propósito. Una circunstancia del tipo i y ii puede convertirse impredeciblemente en una de tipo iii. La tercera circunstancia es frente a un hecho imprevisto. Ante ello sólo el entrenamiento y la habilidad del individuo pueden responder correctamente. Es clave el factor humano para la actuación pronta y segura, no hay manual que pueda escribirlo, no hay tiempo para meditar ni consultar la reacción, solo el policía en el lugar, con los medios que dispone, en las circunstancias particulares, debe, casi por instinto, actuar con certeza y sin improvisación errática y confusa, enredado y nervioso frente al suceso incierto, no es fácil, es el ser humano (por muy policía que sea), actuando ante lo eventual provocado por otras personas o acontecimientos. La calidad de la actuación policial la determina el individuo, no son los medios técnicos, es la capacidad personal y del grupo, entrenado y competente para la tarea, en estado físico y emocional adecuado.

La muerte de dos jóvenes policías en Managua (Barrio San Luis, jueves 26 de enero 2017), ocurrió en “circunstancia extraordinaria imprevisible” por la acción criminal. Impone duelo y reflexión. Los daños humanos en el inesperado escenario, mostraron una actuación improvisada y errática. En Nicaragua casi no ocurren hechos de este tipo. Los policías no esperan, en lo cotidiano de sus acciones,  respuestas agresivas extremas. La población los respeta, muchos cumplen su servicio sin arma de fuego y no son agredidos; un policía sube uniformado y sin arma al transporte colectivo, camina por la calle, va a su casa, ¿eso es posible en otros países de Centroamérica? Lo que ocurre aquí es bueno, ojalá siempre sea así. Hay un contexto de seguridad, una sociedad sana, a pesar de nuestras imperfecciones, rasgos culturales y de origen asumidos institucional y socialmente que hay que preservar. El policía no debe ser en exceso confiado, pero tampoco queremos que sea en exceso desconfiado y vea y actúe frente a cada ciudadano común, a un delincuente.

Estos hechos no deben exacerbar el miedo y respuesta social y policial, no modificar lo esencial de la correcta actuación policial. Alguien dijo: “todos los policías deben andan chaleco antibala y arma”, al detener cualquier transporte en la vía pública, según otras realidades, “bajar al conductor con las manos en alto para registrarlo”,… ello es impertinente, no solo es un problema de gasto público. Corresponde, a pesar de lo imprevisible, dignificar,  entrenar y entrenar: física, técnica y sicológicamente de manera continua, para reducir errores, abusos y riesgos (nunca pueden eliminarse) en actuaciones cotidianas y extraordinarias, fortaleciendo la doctrina que sustenta el vínculo con la comunidad, lo que hace la diferencia.